Ansiedad. Una palabra tan nombrada últimamente… hablemos un poco sobre ella.

Usando una metáfora, la ansiedad podría sentirse como si nuestra mente fuera un computador con mil pestañas abiertas, y de repente todas empiezan a reproducir música al mismo tiempo. Es como querer apagar una alarma, pero sin saber de dónde viene el sonido… o como soplar y soplar esas velas de torta de cumpleaños que nunca se apagan.

Si has sentido algo parecido, déjame decirte que no estás exagerando.

¿Qué es exactamente la ansiedad?

Podría darte una definición técnica (y sí, es posible), pero prefiero explicártelo de manera mucho más simple:

La ansiedad es como una alarma que suena en tu cuerpo y en tu mente. Está ahí para protegerte porque en dosis pequeñas, hasta puede ser útil. Si estás cruzando la calle y de repente ves un auto acercarse rápido, la ansiedad activa tu cuerpo para que reacciones en milésimas de segundo. Es también la que nos ayuda a prepararnos para una entrevista de trabajo, o también lo que colabora a que estemos más atentos en situaciones nuevas.

El problema es que a veces esa alarma se desconfigura y empieza a sonar todo el tiempo, incluso cuando no hay un peligro real. Es como si tu cuerpo creyera que siempre se está acercando un auto hacia ti a toda velocidad, pero en realidad solo estás comprando en el supermercado.

¿Cómo podría sentirse el vivir con ansiedad?

Cada persona la vive a su manera, pero hay síntomas que suelen repetirse:

  • Preocupación constante, incluso por situaciones en donde es muy improbable que ocurran.
  • Sientes que te cuesta respirar, tensión muscular o un nudo en el estómago.
  • Dificultad para dormir bien o descansar.
  • Todo parece demasiado: salir, decidir, hablar, hacer.
  • Palpitaciones, sudoración, sensación de que siempre se está en “alerta”
  • Y por último… ¡sentirte así podría hacer que sientas más ansiedad! (sí, es un bucle tramposo).

Y ahí es cuando uno se pregunta: ¿por qué me pasa esto? Y muchas veces no hay una única respuesta, pero sí hay algo que queremos que sepas: sí es posible hacer cambios y movilizarnos para detener ese bucle.

¿Por qué aparece?

La ansiedad puede surgir por múltiples razones: situaciones de estrés, cambios importantes, preocupaciones acumuladas, experiencias pasadas no resueltas… o incluso sin una causa aparente (al menos no alguna que recordemos).

Y sí, a veces tiene sentido sentirse ansioso, por ejemplo, existen momentos difíciles como duelos, decisiones importantes, responsabilidades, etc. Pero que tenga sentido no significa que debas cargar con eso sin apoyo.

Otras veces, en cambio, puede que no tengamos claro cuál fue la razón para que la ansiedad sea una visita que se está quedando mucho más tiempo del necesario. Sin embargo, siempre podremos tener la oportunidad de tomar las riendas y decirle a esa visita (la ansiedad) que puede quedarse, pero bajo nuestros términos y condiciones. En este caso, el avanzar acompañado por un proceso psicoterapéutico, puede apoyarte a que descubras tus propios recursos para lograrlo, en combinación con otras herramientas que puedas ir adquiriendo a lo largo de las sesiones.

¿Es posible aprender a gestionar la ansiedad?

¡Claro que sí! Y aquí viene una buena noticia: no tienes que hacerlo solo/a.

A través de la psicoterapia es posible:

  • Comprender qué podría estar alimentando tu ansiedad.
  • Identificar pensamientos o creencias que la refuerzan.
  • Desarrollar herramientas que te ayuden a hallar la calma sin luchar en contra de la ansiedad, sino que transitarla.
  • Aprender a gestionar tus emociones siendo más amable contigo (por ejemplo).
  • Comenzar a utilizar algunos recursos, técnicas o actividades que te ayuden a avanzar.

No se trata de “dejar de sentir” ansiedad, sino de que deje de ocupar todo el espacio. Para que puedas volver a disfrutar del camino, sin miedo a lo que pueda venir o también dejando atrás el sentimiento constante de alerta.

¿Es posible hacer algo? La importancia de detenerse y ocuparse

Te invito a que imagines que todo eso que estás sintiendo (la ansiedad y el cansancio de estar en esta lucha constante), no tienes que cargarlo en soledad. Es crucial darte un espacio en donde puedas detenerte, respirar y empezar a poner en palabras lo que te pasa, sin tener que justificarte y sin miedo a ser juzgado; en psicoterapia puedes encontrarlo.

El ocuparte de esto que sientes es como abrir una puerta hacia una versión de ti con más claridad, más calma y más cuidado. Es un camino en donde paso a paso se va construyendo un sendero que conduce hacia nuevas posibilidades, en donde puedes aprender a escucharte con más atención, reconocer lo que necesitas y también tratarte con el respeto y paciencia que muchas veces se te hace más fácil dar hacia los demás pero que quizás se torna más complejo cuando se trata de dártelo a ti.

Autor:

Marcela

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